lunes, 24 de septiembre de 2012

Demasiado tarde.

Ahí estaba ella, y no era la primera vez que nos cruzábamos, ya dos que tes veces había chocado con ella, no por casualidad. estaba muy sentada, piernita cruzada, zapatitos limpios, pantalón pegadito, playera provocandome y ese cabello alborotado, estaba bordando. Seguro es de esas mujeres que no pierden lo romántico, seguro es de esas mujeres que yo busco.
Me estaba armando de valor, ahora sí le voy a preguntar que como está, bueno por algo se empieza, sabía que se llamaba pamela, sabía y había oído que así le decían. Pero como llegar y decirle, pamela que haces? no verdad, no iba por ahí. Mejor le pregunto sobre la tarea, esa no puede fallar, era la única persona de mi salón cerquita, no iba a ser tan obvio a la próxima ya la podría saludar, y quizás a la semana preguntarle más de ella, al mes pedirle su celular y poco a poco mandarle mensajes hasta que entienda y sepa que me gusta y nos invitemos a salir, yo más a ella claro.
Me paré bien decidido. Me paré y jalé mi mochila, di tres paso hacia el frente y justo cuando me faltaban otros 3 para llegar a ella oí que gritaban su nombre. -¡Pamela, Pamela!, ya entró el maestro-. Di la media vuelta y me fui al salón. No podía ser! estaba vez que pensé que no iba a fallar y le gritan otra vez. Esta vez que tenía el valor de hablarle.
Bueno, igual y tiene novio y por eso no le tengo que hablar, igual y es bien mamona y ni me va a pelar, o peor aún, igual y le gustan las mujeres y yo aquí, como pendejo haciendo la lucha imposible. Pero ¡como chingados iba a saber todo eso! si no le hablo a sus amigas ni a ella ni a nadie que tenga que ver con ella.

Así pasaron los días, yo intentando hablarle y ella intentando involuntariamente de evitarme. Dos que tres veces cruzamos mirada, y una o dos sonrisas. Pero jamás palabras. Pasaban los días y yo unos me animaba y otros ya mejor ni le intentaba. Así pasaron los meses.

Ahí estaba ella, y yo ya había perdido la fe y las esperanzas de hablarle y que me hablara, hasta que levanté bien la mirada y la vi sonriendo, jamás la había visto tan feliz; y eso que llevo más de 5 meses observándola casi a diario. Esta vez se veía más bonita, no sé si era por su sonrisa de oreja a oreja o porque en verdad era muy bonita y hasta hoy me di más cuenta.
Faltaban 20 minutos para la clase y no vi a nadie conocido de ella ni mío cerquita. como mágicamente regresó a mi la fe, la esperanza y jalé mi mochila, dí los 6 pasos exactos y me paré frente a ella. Subió la mirada y me vio de sorpresa. -¿Pamela verdad? (ya teníamos 5 meses en el saló, como no me iba ya a saber su nombre de memoria, ya no iba a ser tan obvio) Oye, ¿teníamos tarea para hoy?- 5 meses viéndola, esperando el momento justo las palabras perfectas para que 20 minutos antes de la clase y 5 meses después de conocerla solo me saliera esa pregunta tan estuúpida. -Mmm no, creo que no- Contestó ella. Y nomas no se le borraba la sonrisa y no dejaba de ver el celular. Me senté a su lado, y para seguir haciendo la platica pregunté -Y ¿Por qué tan feliz?- Le regalé una sonrisita también. Quizá era por mí, aun que no creo, pero yo soy de esos que no pierden del todo las esperanzas. Quería que me respondiera rápido quería seguir platicando con ella, quería saber que pasaba para que estuviera tan feliz. -Es que mi novio va a venir hoy por mi-. Poquito oí como se me escapó la esperanza la fe el amor mi todo ilusionado yo. Había esperado demasiado, la había dejado ir. Había agarrado valor ya muy tarde. -Creo que ya llegó el maestro-. Dije y me eché a correr al salón.